Con las venas como cuerda anudada varias veces
en el cause de mi antebrazo
bifurcado en el extendido dorso de mi mano
el oxigeno se perdíó
oscureciendo mi mente.

La razón desvanecía antes la llegada de la terminación
extendiendo mi mano en otrora sumisa
descansada sobre otra en el regazo sentado que se mecía de un lado a otro
me levante súbitamente extendiéndola cual parcela baldía en amplitud de la noche
con blancas nubles sobre el cielo sin presencia lunar que guiara el camino del hombre.

Me ubiqué enérgicamente encaneciendo la mirada
mientras la mandíbula endurecía la posibilidad del habla
tizón de pecho ardiendo
el crujido de rodillas al suelo
el golpe sordo de la mano sobre la pared
el subibaja hiperventilado y la puerta rota
astilla en la mano, sangre en el suelo y la memoria de la nada.

Poema: Irene Navarro (20 19)
Obra: La edad de la Ira – Oswaldo Guayasamin
Fuente

Espero les haya gustado. Les invito a leer mis próximas publicaciones y siempre estaré dispuesta a responder sus preguntas y comentarios. ¡Muchas gracias!